El Mago de Oz

    • Título:El Mago de Oz
    • Autor: Lyman Frank Baum
    • Ilustradores:Juan Pablo Rojas • Miguel Yein • Omar Ramírez
    • Editorial:Ediciones Culturales Internacionales, S.A. DE C.V.
    • Páginas:1

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Lectura recomendada a partir de los 3 años en adelante…

 

EL MAGO DE OZ

Había una vez… una granja en Kansas donde vivía una pequeña llamada Dorothy, con sus tíos y su perro Totó.

Cierto día en que la pequeña jugaba con su mascota por los alrededores de la casa, alcanzó a ver un tornado en las cercanías; corrió desesperada tratando de encontrar algún refugio, pero por desgracia tropezó y el tornado la arrastró consigo. Los tíos no se percataron de ello sino hasta que los gritos de auxilio de la niña los pusieron en alerta. Salieron corriendo a ayudarla, pero no pudieron rescatarla, y angustiados e impotentes, la vieron desaparecer en el cielo abrazada de Totó.

El tornado llevó a la pequeña y a su perro sobre campos y caminos, hasta que finalmente cayeron en un lugar extraño y desconocido. Allí Dorothy se encontró con unos curiosos personajes, entre los cuales había una amable hada.

—¿Podrías indicarme el camino de regreso a mi casa por favor? —le dijo Dorothy.

—Por supuesto, pero creo que la mejor opción para regresar es buscar la ayuda del Mago de Oz. Sigue el camino de las baldosas amarillas y lo encontrarás—respondió el hada.

Dorothy y Totó emprendieron su caminata en busca del Mago de Oz. De pronto escucharon una voz que se decía:

—¡Cuánto quisiera tener un cerebro!

Se trataba de un espantapájaros que pedía a gritos cumplir su deseo, por lo que Dorothy se acercó y le dijo:

—Hola, Espantapájaros. ¿Por qué no nos acompañas a ver al Mago de Oz? Tal vez él pueda hacer algo por ti.

Y así, la niña y su perro reanudaron el camino acompañados por el Espantapájaros. Al poco tiempo de caminar, otra voz interrumpió su marcha.

—Un corazón… ¡Cuánto daría por tener un corazón! —Un hombre de hojalata se lamentaba por no tener este órgano tan importante. Dorothy y sus amigos se le acercaron.

—Buenos días —lo saludó la niña—. Creo que sería buena idea que nos acompañaras. Tal vez el Mago de Oz pueda hacer algo para calmar tu pena.

El Hombre de hojalata aceptó la invitación y emprendió su caminata junto a Dorothy, Totó y el Espantapájaros. Ya habían avanzado un buen tramo del camino cuando oyeron los débiles rugidos de un león asustado.

—¿Qué pasa, señor León? —preguntó Dorothy.

—Estoy muy triste y asustado… ¡Cuánto me gustaría ser un león valiente!

—Acompáñanos a ver al Mago de Oz, quizá él pueda ayudarte —le sugirió la pequeña.

Y así Dorothy, Totó, el Espantapájaros, el Hombre de hojalata y el León, decidieron seguir juntos su camino con la esperanza de encontrar al Mago de Oz y hacer realidad sus deseos.

Luego de mucho caminar, Dorothy y sus amigos llegaron al país de Oz y un guardia les permitió entrar para que hablaran con el Mago. Cada uno expuso sus deseos; el mago escuchó atento y por fin dijo:

—Sus deseos serán atendidos, pero antes deben cumplir una condición.

—Dinos de qué se trata —preguntó Dorothy con curiosidad. —Deben buscar a la bruja, el personaje más cruel del reino, y su misión —los miró a todos—, es liberar al país de Oz de su malvada presencia.

El grupo de amigos aceptó sin dudar esta difícil tarea y emprendieron su camino en busca de la malvada bruja. La cruel mujer, que sabía de las intenciones del Mago, tomó las medidas necesarias para evitar que algo le ocurriera.

Dorothy y sus amigos llegaron a un campo sembrado de amapolas, cayeron en un profundo sueño y fueron atrapados por una manada de monos voladores enviados por la bruja. Al despertar, la niña y sus amigos vieron a la horrible y malvada bruja; sin pensarlo, Dorothy le arrojó un cubo de agua al rostro sin saber que esta era la manera de hacerla desaparecer; así quedó convertida, de manera instantánea, en un miserable charco.

Dorothy y sus amigos saltaron de dicha al darse cuenta de que ya nada impediría que sus deseos se hicieran realidad.

De regreso en Oz, Dorothy y Totó descubrieron que el Mago era un anciano que estaba acostumbrado a vivir en Oz y ahora, para marcharse, había construido un globo. La pequeña y su perro subieron al globo mágico y en medio de la travesía Totó saltó al vacío y Dorothy hizo lo mismo para salvarlo.

Mientras flotaba en el aire, cayó en un profundo sueño en el que escuchaba la voz de la hada que le decía:

—Si en realidad deseas volver a casa, piensa: “en ningún sitio se está como en casa”.

Dorothy se concentró en este pensamiento y al despertar escuchó las voces de sus tíos que la estaban buscando.

Todo había sido un sueño… ¡un sueño que nunca olvidaría!

 

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