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El deseo de Tomás


    • Título:El deseo de Tomás
    • Autor:Berta Hiriart
    • Ilustrador:Guadalupe Sánchez
    • Editorial:El Naranjo
    • Páginas: 40
    • Grado:Primaria

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Lectura recomendada a partir de los 7 años en adelante…

Sinopsis

Tomás espía las clases de danza que dan en la academia recién abierta en el piso de abajo de su casa. Las piruetas y la música parecen llamarlo. El deseo de acercarse a ellas se hace cada día más intenso, pero no toda su familia lo comprende. Esta historia te mostrará que cuando uno aprende a escuchar sus propios deseos, éstos cobran fuerza y pueden volverse realidad.

Semblanza de la autora

Berta Hiriart nació en la Ciudad de México. Escribe y dirige obras dramáticas, inventa relatos, incursiona en el ensayo y coordina talleres de escritura creativa. Ha publicado numerosos títulos, dirigidos a niños y jóvenes, o que abordan, para los adultos, asuntos relacionados con la infancia. Ha recibido diversos premios y algunos de sus libros se encuentran en las Bibliotecas de Aula y en el Programa de Teatro Escolar, de la SEP.

Semblanza de la ilustradora

Guadalupe Sánchez nació en Córdoba, Veracruz, en 1955. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y Diseño Gráfico en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, de la UNAM. Cursó animación con Ishu Patel, en 1996, y en 1999 estudió con David Brockurst en el Taller Experimental Dirección de Arte. Ha ilustrado varios libros infantiles, para El Naranjo ilustró también ¿Jugamos al teatro? Ha ganado varios premios en cine, video y animación.

Beneficios del libro:

  • Ayuda a desarrollar la sensibilidad literaria, es decir, la capacidad de sentir emoción por medio de los libros.
  • Despierta la imaginación.
  • Contribuye a la formación estética de los niños.
  • Fomenta una actitud de respeto y tolerancia hacia los demás.
  • Fomenta el respeto por todas las formas de expresión artística.
  • Invita a combatir la discriminación de género.

Público:

  • Niños de 7 años en adelante.
  • Padres de familia.
  • Maestros de primaria.
  • Psicólogos
  • Promotores de lectura

Empieza a leerlo

Mamá encendió las velas del pastel de Tomás. Alrededor de su cara

iluminada de cumpleaños, todos le cantamos Las mañanitas.

—Pide un deseo, Tomás, el que tú quieras. Hoy es tu día.

Tomás cerró los ojos fuertemente, y yo no aguanté las ganas de decirle en secreto:

—Si a ti no se te ocurre, lo pido yo. Tengo un montón.

—No se vale —intervino papá—; déjenlo que piense. A ver,

hijo, ¿cuál es tu deseo?

Pero como Tomás no se animaba a soplar y la cera ya se derretía sobre el pastel, todo el mundo empezó a soltarle sugerencias.

—Pide que hoy no haya película —dije yo.

—Pide que no reprobemos matemáticas —apuntó Carlitos.

—Pide que nos vayamos de vacaciones —expresó mamá.

—Pide algo útil, algo que te sirva —ofreció papá.

—Si de deseos se trata, pide sacarte la lotería —lo animó el abuelo.

Por fin sopló Tomás y la familia lo animó con un aplauso. Pero al abrir los ojos hizo un gesto de enorme desilusión. Una velita se mantenía titilante, necia como ella sola.

—¡Ya lo sabía! —gritó Tomás y salió de estampida rumbo a su cuarto.

Atrás de él fuimos mamá, Carlitos y yo, pero la puerta nos dio en las narices. Primero le pedimos que abriera, luego le rogamos que no hiciera caso de supersticiones, le suplicamos que olvidara el asunto y volviera a la fiesta. Sólo nos contestaba el silencio.

Desde su lugar el abuelo dijo:

—¡Qué tiempos estos! Cuando mis hijos eran chicos, qué esperanzas que alguno pusiera de cabeza a toda la familia. Se hacía lo que yo mandaba y punto. En cambio ahora…

—Ya no es lo mismo —comenté mientras pensaba: “¡por fortuna!”.

—¡Puros caprichos!

Papá paseaba como león enjaulado. La respiración se le iba poniendo ruidosa, como cuando tenía algún contratiempo en el negocio. Se sofocaba cuando no sabía qué hacer. Deseé de todo corazón que no decidiera tomar en cuenta al abuelo, pero no dio resultado. Papá caminó resueltamente hacia nosotros y golpeó la puerta.

—Tomás, abre en este mismo instante. No cerré la tienda temprano para que tú hicieras este berrinche. ¡Se acabó! Abre o te saco de las orejas.

Tomás salió con la mirada clavada en el piso. La única sonrisa que había en toda la casa era la del abuelo. Mamá quiso aliviar la situación.

—Bueno, ya pasó. Vamos a cortar el pastel.

Había que hacer un esfuerzo, así que cada quien puso su mejor cara y como en una obra de teatro nos sentamos a la mesa y brindamos con chocolate. El que mejor desempeñaba su papel era papá. Tal vez porque se sentía culpa…

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