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Sueño de una noche de verano

    • Título:Sueño de una noche de verano
    • Autor:Barbara Kindermann
    • Ilustrador:Almud Kunert
    • Editorial:El Naranjo
    • Páginas: 36
    • Grado:Primaria y secundaria

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Lectura recomendada a partir de los 9 años en adelante…

Sinopsis

Es una bellísima adaptación del mito de Deméter y Perséfone. Todo empieza cuando Hades, dios del inframundo, rapta a Perséfone. La vida se paraliza mientras Deméter, diosa de la tierra, busca a su hija perdida. La serie de acontecimientos que se desencadenan explica por qué la naturaleza muere cada invierno y renace en primavera.

Semblanza de la autora

Barbara Kindermann nació en Zúrich, Suiza. Trabajó como editora durante muchos años. En 1994 fundó su propia editorial en Berlín: Kindermann Verlag, que se ha especializado en libros para niños, sobre todo en la adaptación de los clásicos. Su serieLa Literatura Mundialpara Niños es única, pues pone a disposición de los lectores jóvenes a los grandes autores del pasado. Además, dirige otra dos series: Poesía para Niños y Los Niños Descubren el Arte.

Semblanza de la ilustradora

Almud Kunert nació en Bayreuth (Bavaria). Estudio Pintura y Diseño Gráfico enla Academiade Artes Gráficas de Múnich. Obtuvo una beca para trabajar con Leiko Ikemura enla Academiade Verano de Salzburg. Desde 1990 trabaja como ilustradora independiente para diferentes editoriales y agencias de publicidad. Actualmente vive y trabaja en Múnich.

Beneficios del libro:

  • Acerca a los jóvenes a las obras clásicas de la cultura universal.
  • Invita a conocer más obras de William Shakespeare.
  • Promueve el sentido del humor.
  • Las ilustraciones dan apoyo al texto y desarrollan la sensibilidad artística.

Público:

  • Niños de 9 a 12 años en adelante.
  • Padres de familia.
  • Maestros de primaria.

Empieza a leerlo

 

En la lejana Grecia, hace mucho, mucho tiempo, aconteció una extraña

historia. Hoy nadie sabe si fue cierta o sólo se trató de un sueño.

Todo comenzó una noche de verano. La tenue luz de la luna iluminaba

el blanco templo de Atenas. Las columnas del palacio del ducado sobresalían

soberbias en la oscuridad nocturna del cielo; las banderas, con un dejo

de nobleza, ondeaban al viento. Todo semejaba estar en paz y tranquilidad;

sin embargo, las apariencias engañaban.

 

En el palacio, ante el trono del duque de Atenas, a altas horas de la noche,

se había dirimido una encarnizada disputa. Un ciudadano ateniense,

profundamente enojado con su hija Hermia, y dos jóvenes, Demetrio

y Lisandro, protagonizaban el incidente.

 

Demetrio era un joven rico, apuesto y respetable. El padre de Hermia

lo había escogido como marido de su hija. La joven, sin embargo, se negaba

a desposarlo, pues en realidad amaba a Lisandro, un soñador poeta que

le escribía versos románticos y le regalaba rosas, anillos y rizos.

 

El padre de Hermia, con ayuda del duque, pretendía obligar a su

desobediente y obstinada hija a abandonar a Lisandro y a casarse con

Demetrio. Su exigencia se basaba en una ley existente en ese entonces en

Atenas: aquella joven que contradijera la decisión de su padre, respecto

a la elección del futuro marido, debía ser castigada con el convento o la muerte.

 

Sentado en su trono, al lado de Hipólita, su prometida, el duque Teseo

escuchó las quejas con suma atención. Después de unos momentos dijo:

“Hermia, reflexiona sobre todo esto. Tienes hasta la próxima luna nueva

para tomar una decisión. En esa fecha mi prometida y yo contraeremos

matrimonio y ese mismo día tendrás que escoger entre cumplir con el deseo

de tu padre, y casarte con Demetrio, o ser castigada según lo manda la ley”.

 

Temerosos, Lisandro y Hermia se abrazaron entre las altas columnas

delpalacio. Hermia lloraba. ¡Nunca se casaría con Demetrio! ¡Nadie podría

obligarla a realizar ese matrimonio!

 

Lisandro la tomó por el brazo y le dijo con delicada ternura: “No temas,

mi querida Hermia, nunca podrán separarnos. Escucha lo que he planeado:

huiremos de Atenas, lejos de los muros de la ciudad, y nos casaremos sin

el consentimiento de tu padre o del duque. Sal a hurtadillas mañana en

la noche; nos encontraremos en el claro del bosque, a una milla de la ciudad”.

 

Hermia no vaciló ni un segundo y respondió: “Te juro por el más poderoso

arco de Cupido, por su mejor flecha de dorada punta, que ahí estaré a

medianoche”.

 

En ese momento entró Elena, la mejor amiga de Hermia. Ambas mujeres

eran sumamente hermosas; no obstante, su apariencia era completamente

distinta. Elena era alta y rubia; Hermia, pequeña y de pelo castaño.

 

Era evidente que una tristeza de amor embargaba a Elena. Demetrio,

el joven que sólo había tenido ojos para ella, ahora, que había sido elegido

para casarse con Hermia, ni siquiera volteaba a verla. La pobre Elena, cuanto

más rogaba, más era rechazada.

 

Hermia sabía de la pena de su joven amiga e intentó consolarla: “Créeme,

no es culpa mía que Demetrio, loco de amor, me persiga. Yo lo he rechazado

todo el tiempo. Levanta el rostro, querida amiga; él ya no me verá más

por aquí”. Susurrando, confesó a Elena su secreto: “Mañana en la noche

me fugaré con Lisandro. Reza por nosotros y sé feliz con Demetrio…”.

 

Elena permaneció pensativa. Si Demetrio se enterara de los planes

de huida de Lisandro y Hermia, seguramente los seguiría. Pero en vista del

gran amor que ambos se tenían, terminaría por reconocer que su intento

por ganarse el favor de Hermia nunca tendría éxito. Fue entonces que Elena

decidió contarle el secreto de su amiga. Tal vez podría por ese camino

reconquistar su amor.

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